
El espejo me refleja el paso del tiempo en el rostro.
Aún no son demasiados años,
pero ya me muestra que he madurado,
quizás no acorde con mis ideas,
con mi modo de vida,
con mis ilusiones, que siguen siendo
las de un quinceañero.
El espejo, no se corta, me grita la verdad,
no te duermas, el tiempo corre, los días,
los meses, los años vuelan
y debemos corregir errores para que no nos vuelvan
a suceder.
Pero no aprendo, no me corrijo, tampoco quiero hacerlo.
Me siento felíz y no pienso en el mañana,
pero no puedo evitar, que cada mañana
el espejo me delate que voy madurando
como si quisiera alertarme de que me lo tome enserio.
Caray o voy lento por la vida, o se me escurren las horas
demasiado ligeras.
Tantas cosas por hacer, tanto para alcanzar,
tanto amor por encontrar
y yo impávido, incapáz de espabilar.
No tengo a quien culpar, es mi culpa
siempre fui rebelde, desobediente y libre
eso sí, muy libre.
Ahora me estoy dando cuenta que la juventud se escapa
que mis amigos la mayoría han encauzado sus vidas
pero yo, sigo sólo, empecinado no sé muy bien en qué
y buscando la felicidad que no termino de encontrar.
Espejo, es obligado cada mañana mirarme en tu reflejo
para ver mi aspecto, para afeitarme, para asearme,
pero juro que si pudiera, ni te haría caso
haría como que no existieras.
Pero cómo me presento en la calle, en mi lugar de trabajo,
Se mofarían de mí. Y para vivir, necesito ganar mi sustento.
Al fin debo agradecerte tus alertas. en lugar de censurarte.
Compañero fiel indicador de mi olvidado calendario.
Intentaré avisparme y encontrar el modo de acertar
y ser felíz.
Antes de que sea demasiado tarde.
Autor: Ricardo Rodríguez
Derechos Reservados.
Comentarios