
Pensaba que sabía amar y sólo era una niña,
con sueños de ser mujer.
Le conocí y dije para mí, es y será el amor de mi vida.
Sin saber lo lejos que estaba de encontrarnos.
Pasaron los años fui creciendo y
me convertí en mujer.
Tuve varios escarceos amorosos y pasajeros.
Viví con entusiasmo, fantasía y también dolores.
Pero el amor verdadero, no llegaba a mi.
Hasta que un día, sin pensarlo llegó él.
El hombre que me conmovió, que me deslumbró.
Pero que no me hacía ni caso.
Supe que tenía novia y la envidia me sacudió.
Una noche, había un baile en el pueblo,
acudí a la verbena y en medio de tanta gente
les ví bailando, pero algo extraño noté entre ellos.
Era como si hubieran discutido y no podían ocultar
la discordia.
De pronto comenzó a llover torrencialmente,
la gente empezó a correr para guarecerse en los portales.
Y yo, pobrecita de mí, comencé a correr en medio de la carretera
camino hacia mi casa, no tenía coche, ni nadie que me acompañara.
Había andado aproximadamente un kilómetro,
cuando veo venir un coche blanco detenerse a unos metros de mi.
Oí los gritos de una pareja discutiendo, pero no me volví a verles,
seguí mi andadura. Al poco, sentí un fuerte ruido y me giré,
entonces vi que era una mujer al apearse del coche
exponiéndose a la lluvia mientras él sin mirarla
retomó la marcha del vehículo lentamente.
Al llegar hasta mi, bajó el cristal de la ventanilla
y descubrí que era él.
El hombre que había esperado tanto tiempo.
Sube -me dijo- Estás calada.
-Te acerco donde me digas.
Y yo, desoyendo todos los avisos de desconfianza,
subí y me senté a su lado.
Al mirarnos él me sonrió
y supe que podía confiar en él.
Fue amor a primera vista.
Formamos nuestro hogar,
tuvimos hijos.
Y sin duda era y es el hombre de mi vida.
El amor definitivo.
El amor verdadero.
¡Soy muy felíz!
Autora: Diana Alvarez.
Derechos reservados.
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