
VIDA EN EL CAMPO
Ana Maria Zacagnino
Argentina
Largas distancias recorriendo surcos,
largas distancias que jamás se acaban.
Ésta es la tierra que mi abuelo amaba
y éstos los surcos que sus pies pisaban.
Van sus caminos hacia el infinito,
con sus laderas cubiertas de pinos.
Sus sendas van hacia aquel infinito,
donde el Señor repartió el pan y el vino.
Todo el ganado adormecido ya,
quietecito queda debajo del roble.
Esperando el alba con gran ansiedad,
para que su leche alimente a los pobres.
Sol de la mañana, tú alumbras pequeños
y humildes ranchitos que en el campo afloran.
Tus rayos parecen oro sobre el alba,
fuego por la tarde y en la noche cobre.
Vientos de los campos, libre es tu silbido.
Y en la mañanitas de fresco rocío,
haces que el cachorro como el pajarillo,
se quede en su nido.
El campo, las rosas, mis seres queridos.
¿Quién ha de saber que esto es merecido,
fruto de la tierra,
y aroma de hierbas?
Es que un naranjal,
Y un gran limonero.
Ya de hermosas flores cubiertos están,
como las “espuelas de los caballeros”.
La vida en el campo es una sonrisa
que emana de labios,
de la persona más feliz del mundo.
Sabe llevarla tú, amigo mío
Para nunca jamás caer en lo profundo.
@Ana María Zacagnino
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