En ese contexto, ambos bandos involucrados en la guerra le ofrecieron aprovechar su fama para actuar como espía seduciendo a oficiales del enemigo, ya que como ciudadana de un país neutral podía moverse libremente por Europa. Los primeros en contactarla fueron los alemanes y más tarde los franceses; al parecer no informó a estos últimos de la oferta previa de los alemanes para evitar suspicacias, una precaución que más tarde se le volvería en contra: Georges Ladoux, jefe del Deuxième Bureau -el servicio de inteligencia francés- se enteró de dichos contactos y sospechó que fuese una agente doble, por lo que la hizo arrestar y la acusó de espionaje.
Como se supo años más tarde, Mata Hari no fue la espía fatal cuya leyenda ha trascendido: las pocas informaciones que reveló eran casi todas simples cotilleos e historias picantes acerca de la vida íntima de algunos oficiales, y los escasos datos que realmente interesaban a la inteligencia militar eran anticuados y probablemente sacados de los periódicos de los países neutrales, no sujetos a la censura de guerra. Además, ella siempre sostuvo que no había dado a los alemanes ninguna información de valor a pesar de la oferta que le hicieron -algo que el propio gobierno alemán secundó al publicar en 1930 un dossier sobre sus actividades- porque lo habría considerado una traición a Francia, su país de adopción. De ahí la famosa frase que supuestamente pronunció durante el juicio: “¿Una ramera? Sí, pero una traidora, ¡nunca!”.
Es probable que ni siquiera el Deuxième Bureau creyera en su culpabilidad y que necesitara una cabeza de turco a la cual atribuir la responsabilidad de las graves pérdidas francesas durante la guerra: durante el juicio los agentes de inteligencia desmontaron la historia de la “princesa de Java”, pero la usaron convenientemente como prueba de que se trataba de una mujer que había vivido del engaño.
Mata Hari fue condenada a muerte en un proceso muy irregular en el que no se garantizaron sus derechos de defensa
Ninguno de sus amantes intervino para salvarla y fue condenada a
muerte, acusada de haber provocado con su supuesto espionaje la muerte de más de 50.000 soldados, en un proceso muy irregular en el que no se garantizaron sus derechos de defensa y se presentaron pruebas fabricadas por los propios mandos de la inteligencia francesa.
Al amanecer del 15 de octubre de 1917, Mata Hari fue asesinada por un pelotón de fusilamiento al que, según escribió la prensa americana, afrontó vestida de amazona y al que lanzó un beso de despedida. No se dispone de ninguna foto de esos últimos momentos, así que no se puede afirmar que este relato no fuera sino el epílogo de su leyenda personal, que le permitió sobrevivir pero al final le costó la vida.
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